¿Cobarde?

Posted on 3:16 by Tres Libras | 3 comentarios

"...para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio."
-Alejandra Pizarnik-



1. Lo bello y puro, duerme [Escapa]


Corría caluroso octubre, mientras él, se aseguraba de mantener intacto su tesoro. El mundo funcionaba distinto, se movía cómodo en la apariencia, y lo intangible, tildado de inútil, caía muerto en el olvido. Ante el asombro de todos, en su recipiente de vidrio, durmiendo el sueño de los inocentes, yacía el último
de los ángeles...
Se requiere de mucha alma para mantener vivo a un ser de luz, uno puede morir cuidándolo, pero en el peldaño definitivo de una escalera que llevaba al concluir de los tiempos, asustado en el borde del pequeño estribo que divide todos los desenlaces, con extremo ímpetu, nuestro protagonista, hacia de centinela de lo ultimo puro sobre toda la creación. Su esencia, había sabido ser poderosa, ahora, solo apurando el fondo, podían obtenerse algunas gotas de la hermosa persona que fue, todo de sí, se consumía en mantener a resguardo eso tan importante. La corriente, ajena a su martirio, seguía pidiéndole más... y más... y más. Cuando finalmente escapó, fue tildado de traidor y cobarde, nadie atinó a preguntar por qué lo hacía, nadie presto su hombro para que llorara su cruel destino, nadie lo ayudó a llevar su pesada carga ("¡Cobarde! ¡Cobarde!").



2. Dulce intermedio a un costado de la traición

Se refugió en la sombra de los bosques, sobrevivía a base de las sobras que le lanzaban otras criaturas perdidas, los siglos lo pasaron de largo sin que ninguna mano volviera a sentirlo, y cuando ya se estaba acostumbrando a transcurrir así, extrañamente, regada por sus lagrimas, de la tierra nació una flor, la más hermosa de las flores, según él. Ésta lo abrazó, curó todas sus heridas sin preguntarle su precedencia, tapó sus cicatrices sin siquiera mirarlas y dibujó un sol que colgó sobre su cabeza para que sus ojos pudieran beber algo de vida. Fue una canción de clima templado en medio de tormentas y susurros de amor en plena guerra, se domesticó, se tranquilizo, perdió atención e instinto y dejó de esconderse. Creía tenerlo todo, se vio pleno por primera vez, lo sintió de ese modo hasta convencerse y se descuidó. Abusó de su herida y confianza, olvidó que nada permanece oculto para siempre y fue dejando pequeños rastros que los seres simples siguieron hasta finalmente dar con él.



3. ¡Libre al fin!

Los vio venir a lo lejos una mañana, horrorizado intentó correr, pero el camino se le hizo cada vez más angosto hasta finalmente acorralarlo. Se pararon al frente y comenzaron a lanzar sus juicios ("¡Cobarde! ¡Cobarde!"). Su flor, que no había conocido persona que no fuera él, empezó a sentirse atraída por la aparente calma de esas bestias sin alma, ellas no tenían cicatrices visibles, ocultaban con su vida sus heridas y no hacían más que sonreír aunque el dolor las consumiera. Aprendió de eso, aprendió mal, le crecieron espinas y lo abandonó por los espejismos. Se colmó de traición, simple y llana traición, una puñalada, un sin retorno, sus pies cayeron a un lado y ya no intentó escapar, pero el fuego que alimentaba su misión, no podía ser apagado ni siquiera por él, y en medio de la desesperanza se puso presto a luchar. Lo apedrearon ("¡Cobarde! ¡Cobarde!"), lo insultaron ("¡Cobarde! ¡Cobarde!"), y a punta de lanza, le exigieron que entregara el frasco. En un último intento desesperado, arrancó lo que quedaba de su espíritu para cubrir el recipiente, pero todo fue en vano, y muerto de dolor, se precipitó entre los árboles que lloraban viéndolo caer. El vidrio estalló en mil pedazos al escapar de sus manos y los hombres se lanzaron como hienas hambrientas sobre el contenido. De entre los cristales, emanó un destello tal, que encandiló todo lo que estuviera a su alrededor y calcinó a la flor, ahora dueña del vacío y el desengaño. Cuando la visión retornó, los “egoístas” notaron que el resplandor era cada vez más tenue, las criaturas con corazón, no estaban hechas para ese mundo y al primer contacto con el ambiente, quemaban su esencia hasta finalmente desaparecer: El ángel estaba muriendo. Caminó unos pasos en dirección a su protector, se lo notaba triste, se arrodilló ante su cuerpo frío e inmóvil, lo rodeo con sus brazos, contempló a todos con un dejo de decepción y brilló una última vez. Sus ojos se cerraron y el mundo se apagó [*]. (¿Cobarde?)



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[*]
: El tango escrito por Alfredo Le Pera "Sus ojos se cerraron", recita: "Sus ojos se cerraron y el mundo siguió andando..." Tomen la frase "Sus ojos se cerraron y el mundo se apagó", como una pequeña venganza mía en su nombre... Alfredo, el mundo se apagó esta vez...